Frases de origen Militar

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LA BOTA DE VINO, LLEGÓ A SER UNA PRENDA REGLAMENTARIA EN EL EJÉRCITO ESPAÑOL.

FUE ADOPTADA COMO PRENDA REGLAMENTARIA POR EL EJÉRCITO ESPAÑOL , PARA SU EJÉRCITO DE ULTRAMAR EN  CUBA POR R.O.C DE 17 DE NOVIEMBRE DE 1897.

 FUE PRESENTADA POR D.JUAN NARANJO , Y TRAS UN PERÍODO DE PRUEBA, RECIBIÓ UN INFORME FAVORABLE DEL CAPITÁN GENERAL DE LA ISLA, TRAS LO QUE SE PUBLICÓ COMO PRENDA REGLAMENTARIA PARA DICHO EJÉRCITO. SU VALOR ERA DE 2,25 PESETA Y SE INSTABA A LOS INTERVENTORES A REALIZAR SUS PEDIDOS A DICHO COMERCIANTE EN BARCELONA, EN EL PASEO DE  SAN JUAN Nº200 2º PISO.

 SE ANEXA DOCUMENTACIÓN AL RESPECTO Y HOJA DE PRENDAS DEL RECLUTA DEL REGIMIENO DE INFANTERÍA ÁFRICA 68 D.ALFONSO ESTEVEZ MORILLA DONDE APARECE DICHA BOTA. SIRVA ESTA HOJA DE PRENDAS COMO MUESTRA DE SU EXISTENCIA EN EL EJÉRCITO, AUNQUE TRAS LA DESAPARICIÓN DEL EJÉRCITO DE ULTRAMAR, DEJÓ DE SER SUMINISTRADA A LAS TROPAS.  

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bota

“Te meto un puro”‏

Entre los militares está muy extendido el “te meto un puro”. Como todo tiene su explicación, os copio la que yo conozco. No sé si será cierta pero es interesante.

” Por la década de los años 40 del siglo XIX, y a una sección de caballeria de la Guardia Civil, se le encomendó la custodia y el orden en el recien inaugurado Teatro Real de Madrid. Para ello, los guardias cortaron numerosas calles y dejaron otras con una única dirección de circulación.

De buenas a primeras, irrumpió un carruaje por una de las calles, y en dirección contraria. Un cabo de la Guardia Civil le dió el alto y le dijo al cochero ” pero donde va, por aquí no se puede pasar en esta dirección, dé usted la vuelta y busque otra ruta.”

El cochero se empeñaba en pasar por allí, y el cabo se negaba y no aceptaba que pasara bajo ningún concepto.

Tras varios minutos de discusión, se apea del carruaje una persona, que resultó ser el general Narváez, presidente del Gobierno y el que encargó al duque de Ahumada la creación de la Guardia Civil. El presidente replicó que tenia que pasar por alli, y el cabo, impertérrito, se negaba a ceder, respondiendo ” por aquí no pasa nadie, ni siquiera V.E. mi general. mis órdenes son no dejar pasar a nadie, sin excepción alguna. Mi General, si insiste en pasar por aquí, será atropellado el honor de la Guardia Civil”.

El general tuvo que dar la vuelta y buscar otra ruta. Indignado, habló con el Duque de Ahumada del incidente del cabo insistiendo en que arrestara al mencionado cabo y que lo destinase fuera de Madrid.

El duque de Ahumada se negó a sancionar al cabo, replicando que habia cumplido con su deber como Guardia Civil, y ante la insistencia del presidente del Gobierno, el Duque se presentó en su despacho con una carta de dimisión suya. El general Narváez, sorprendido, no aceptó la dimisión del duque de Ahumada bajo ningún concepto.

Recordemos que el general Narváez es recordado por su extremada dureza, en su lecho de muerte, preguntado por el capellán, si perdonaba a sus enemigos, respondió que ” no puedo perdonar a ninguno, ya que los maté a todos”.

Con el tiempo, el general Narváez se dió cuenta del honor, la valentía y la entrega por su trabajo del cabo de la Guardia Civil y mandó al duque de Ahumada un puro, para que en su nombre se lo diese al citado Cabo.

Desde entonces, “meter un puro” se ha hecho una expresión muy popular en España.”

UNA LECCIÓN DE HISTORIA Y DE LINGÜÍSTICA

En Madrid hay una calle llamada de Gil Imón, haciendo de travesaño entre el Paseo Imperial y la Ronda de Segovia, para más señas. Es una calle dedicada al que fue alcalde de la capital, D. Gil Imón, en los tiempos en que el duque de Osuna organizaba sus célebres bailes, a los que acudía la alta sociedad, para poner en el escaparate familiar a jovencitas de la buena cuna, como oferta casadera. A las damitas de entonces se les aplicaba el apelativo de “pollas”, que en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) llevan, como sexta acepción, figurada y familiarmente, el significado de jovencitas, algo que hoy prácticamente se ignora. La polla de entonces no tenía nada que ver con el significado de morbosas connotaciones por el que ha sido sustituido ahora.

El tal Don Gil era un personaje de relieve (la prueba está en que tiene dedicada una calle) y su nombre aparecía frecuentemente en los ecos de sociedad de las revistas del corazón de la época. El hombre se sentía obligado a responsabilizarse de sus deberes familiares, como buen padre. Tenía dos hijas en edad de merecer, feúchas, sin gracia, y bastante poco inteligentes. Y se hacía acompañar por ellas a absolutamente todos aquellos sitios a los que, invitado como primera autoridad municipal, tenía que acudir.

-¿Ha llegado ya D. Gil?

-Sí, ya ha llegado D. Gil y, como siempre, viene acompañado de sus pollas.

Mientras D. Gil se encargaba de atender las numerosas conversaciones que su cargo de alcalde comportaban, sus pollitas iban a ocupar algún asiento que descubrieran desocupado, a esperar a que algún pollo (o jovencito) se les acercase, cosa que nunca sucedía. La situación, una y otra vez repetida, dio lugar a la asociación mental de tonto o tonta con D. Gil y sus pollas.

¿Cómo describir esa circunstancia tan compleja de estupidez? Los imaginativos y bien humorados madrileños lo tuvieron fácil: para expresar la idea de mentecato integral e inconsciente ¡Ya está!: Gil (D.Gil)-y-pollas (las dos jovencitas hijas suyas) = gil-i-pollas. Cundió por todo Madrid, que compuso esta palabra especial, castiza, nacida en la Capital del Reino y, después exportada al resto de España, ganándose a pulso con el tiempo el derecho de entrar en la Real Academia Española.